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El día 28 de julio se celebra el Día Mundial contra la Hepatitis, con la que se busca concienciar a la población sobre la prevención y el tratamiento en relación con las diferentes variantes de hepatitis, así como cuáles son los factores de riesgo y las recomendaciones de prevención.

Las hepatitis son, hoy en día, un grupo de enfermedades altamente desconocidas y no diagnosticadas, a pesar de los daños tan graves, e incluso mortales, que provocan en la salud de quienes las padecen. Incluso en plena pandemia de COVID-19, miles de personas mueren al día a causa de esta enfermedad, siendo la mortalidad anual mundial por hepatitis viral comparable a la del VIH, la tuberculosis o la malaria. Según datos actualizados de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año las hepatitis B y C matan a 1,1 millones de personas; 9,4 millones de personas están en tratamiento contra la hepatitis C crónica; tan solo el 10% de las personas con hepatitis B crónica están diagnosticadas y, de ellas, únicamente el 22% están en tratamiento.

La estrategia mundial de la OMS contra la hepatitis es eliminar la enfermedad, planteándolo como parte del Objetivo de Desarrollo Sostenible 3, salud y bienestar, de la Agenda 2030, apoyándose en la investigación y desarrollo de vacunas y medicamentos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) plantean algunos aspectos imprescindibles para hacer frente a la enfermedad:

  • Mantener los servicios esenciales de prevención y tratamiento durante la pandemia de COVID-19.
  • Proteger a los recién nacidos y lactantes de la infección a través de la vacuna contra la hepatitis B y recibir dos dosis adicionales, pues protege en más del 95% de los casos.
  • Detener la transmisión de madre a hijo, sometiendo a las embarazadas a pruebas rutinarias de transmisión sexual. Estando embarazada con hepatitis B, puede protegerse al bebé usando antivirales durante el embarazo y vacunando al bebé en sus primeras 24 horas.
  • Ampliar el acceso a servicios de prevención, pruebas de diagnóstico y tratamiento temprano para prevenir el cáncer de hígado y otras enfermedades hepáticas graves, como la cirrosis.

Existen cinco virus diferentes de hepatitis, cada uno catalogado con una letra del alfabeto diferente (A, B, C, D y E) y mientras más alejado de la A se encuentre, mayor es el riesgo que acarrea la infección. Las hepatitis A y E se transmiten, principalmente, a través de la ingesta de bebidas o alimentos contaminados, mientras que las hepatitis B, C y D se transfieren por la sangre o fluidos corporales.

Por tanto, algunas de las principales medidas de prevención contra los diferentes tipos de hepatitis, son:

  • Para las hepatitis A y E: buenos hábitos personales de higiene, consumo de agua potable e ingesta de alimentos en buen estado.
  • Para las hepatitis B y C: práctica de sexo con protección, evitar el contacto con fluidos corporales (sangre, saliva, semen, lágrimas, orina), descartar el uso compartido de agujas y otros objetos punzantes en las prácticas de transmisión o transfusión de sangre u otras sustancias.
  • Para la hepatitis D: las infecciones de este tipo de hepatitis solo ocurren en personas que ya están infectadas con hepatitis B, por lo que las medidas de prevención serían las mismas que para ésta.

Respecto a los síntomas, de daño en el hígado y su inflamación son los primeros indicios de un diagnóstico de hepatitis, y estos son la ictericia (piel y ojos con tono amarillento), fiebre, cansancio general, falta de apetito, orina oscura, heces de color pálido, náuseas y vómitos.

Asimismo, también pueden aumentar la posibilidad de padecer hepatitis si se tienen ciertos factores de riesgo, como:

  • Uso de drogas ilegales inyectables.
  • Padecimiento de una enfermedad de transmisión sexual.
  • Contacto estrecho con enfermo de hepatitis.
  • Diálisis a largo plazo.

En cuanto a los tratamientos y vacunas, en España se cuenta con vacuna para la hepatitis B, lo que ha ayudado a disminuir considerablemente la prevalencia de la enfermedad u una perspectiva de futuro centrada en continuar investigando. En el caso de la vacuna contra la hepatitis A, disponible desde 1995, también se observa un descenso de la prevalencia, estando recomendada para grupos de riesgo, entre los que se incluirían personas con insuficiencia renal o hemodiálisis, con hepatopatías crónicas, en programas de trasplante de órgano sólido, pacientes con VIH, con enfermedades de transmisión sexual, con enfermedad inflamatoria intestinal, personas en riesgo de infectarse por su profesión o por prácticas sexuales, consumo de drogas o viajes internacionales. En el caso de la hepatitis C, desde abril de 2015 se puso en marcha un Plan Estratégico Nacional y, gracias a los nuevos medicamentos antivirales de acción directa, se han tratado y curado a más de 135.000 pacientes en toda España. Nuestro país está avanzando con paso firme hacia la eliminación de esta enfermedad, pero es importante la detección de los casos que la sufren sin saberlo.

Desde Sanafarmacia nos sumamos a darle visibilidad a esta enfermedad, con el objetivo de mejorar la toma de medidas que prevengan, detecte y trata las hepatitis virales, así como despertar en la población y en los propios profesionales de la salud, la conciencia sobre el impacto negativo en la salud y la importancia de esta enfermedad.

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